Bibliografía incompleta de una escritora de vida suspensa.

18 de octubre de 2009

Votos para una Unión de Manos

Encontrar a una persona con la que querer compartir tu vida nunca ha sido una tarea fácil ni sencilla.
La gente dice que cuando llega el momento, uno lo sabe, sin más. No hay más truco que ese, que el amor se reconoce por sí mismo.
Sin embargo el amor no es único.
Hay tantos tipos de amor como personas hay en el mundo, y eso, nos deja con un saldo desorbitado de amores.
Amor a uno mismo, amor a la comida de mamá, amor a tu mascota, amor a un libro o película, amor a la familia, amor a un desconocido, amor a la tierra y a cuantos andamos por ella.
Por eso reconocer el amor en otro no es sencillo pues cada cual ama a su manera. Y por eso quienes lo han encontrado y han sido tan inteligentes como para cuidarlo y alimentarlo, esos son afortunados de veras.
Amar a la pareja no es sencillo, por que amar no es sencillo en absoluto.
Requiere entrega, autocontrol, paciencia, mano izquierda y derecha, sentido del humor, ¿He mencionado ya la paciencia?, y un amplio y sincero auto conocimiento. Solo quienes saben y comprenden quienes son, son capaces de conocer y comprender a un igual.
No dudo que Cla**** e Ign**** saben de sobra de lo que hablo, y por eso están aquí en este momento. Para recibirse mutuamente, aceptarse, comprenderse y cuidarse con la fortuna de saber que aquel al que miran a los ojos, es aquel al que han elegido como igual, con el que caminar por un nuevo sendero que la vida os abre en este momento.
Todo será como antes y a su vez nada será igual, ya que cualquier duda o temor quedará disipada ante este compromiso, cualquier problema y obstáculo recaerá en cuatro hombros. A partir de ahora seguiréis siendo uno, y a la vez, dos, que caminan juntos creando su camino a la par.
Así pues, que la seguridad que os ha traído aquí se transforme en felicidad eterna; de esa que es esquiva, costosa y que hay que trabajar cada día, pues es la única forma de que la felicidad sea longeva.
Afortunados vosotros que os habéis encontrado, os habéis reconocido, y ahora, estaréis juntos en esta nueva vida.


16 de septiembre de 2009

1ª carta al habitante del Yggdrasil

Estimado guerrero de trenzas negras:

Debería haberte escrito hace mucho tiempo. Debería haber enviado mis cuervos a tu árbol llevando estas palabras que ahora, no servirán de nada; pero, lamentarme de las oportunidades perdidas parece ser mi especialidad.

No podría decir a ciencia cierta en qué momento perdí mi oportunidad... o si fuiste tú quien la perdió.

Yo pensaba que estaba claro. Una chica no comparte su tableta de chocolate a las 6 de la mañana con un chico si este no le gusta mucho.
Tú bien podrías decir que un chico no aguanta hasta las 6 de la mañana en un triste bar por una chica que no le guste.

Entonces...
¿Qué fue lo que nos falló?

Ahora tú estas en tu Drakkar, rumbo a mares y batallas lejanas a nuestro particular Yggdrasil y yo dejo volar el tiempo en la orilla.
Me pregunto si volverás. Si estaré yo en la orilla esperándote.

La respuesta es no.

Mi Drakkar me espera, me lleva a mi propia batalla.

Tan solo recuerda que, si alguna vez nos volvemos a ver, mis brazos están dispuestos a recibirte, como aquella primera noche.

17 de junio de 2009

En el final...

Cuando el final llegue,
Estaré esperándote.

Cuando la noche sea infinita,
Cuando el sol se muera,
Y la sangre riegue la tierra que dormita;
Búscame,
Estaré esperándote.

Sin olvidar mi cometido.
Sabiendo a lo que he venido.

Estaré esperándote
En cada disyuntiva del camino.
En cada sendero perdido,
Estaré buscándote.

Y hasta entonces, cada uno por su lado,
Cumpliendo con lo marcado
Antes de haber nacido.

Pero cuando llegue el fín del tiempo concedido
Cuando no haya más sendero ni más camino
Estaré esperándote.

Para irnos juntos a casa.

16 de junio de 2009

3ª carta al coleccionista de arañas

Estimado tú:

Una de cal y otra de arena como tú haces.

Hoy te dedico todas mis horas y todos mis minutos y mañana me pierdo entre el gentío y dejarás de sentir mi mirada taladrándote donde quiera que vayas.

Ayer me subiste al cielo, podrías haber pasado de largo y no lo hiciste; paraste, me miraste, me hablaste... me sonreiste. Y puedo jurar que aquellos minutos son míos para siempre, no hay nada que puedas hacer para quitármelos.

Y tal y como debe ser hoy me escabullo, tomo una columna por rehen y me escondo. No pido, no te miro, no te hablo.
Pero te noto a mi lado, oigo tu voz aunque me tape los oidos, veo tu rostro aunque me vende los ojos.
Si me giro y ahí te encuentro, si le robo tu imagen al espejo y veo que te das la vuelta y me miras...

¿Cómo demonios le digo yo a mi corazón que deje de latir tan deprisa?
Cómo puedo marcharme a mi casa y pisar el asfalto si cada mirada tuya pone nubes bajo mis zapatos...

No se qué demonios hacer.

2ª carta al coleccionista de arañas

Estimado tú:

He estado recapacitando bastante estas semanas.

Quizás tú solo me ves cuando salgo a distraerme, pero la realidad es que hay bastantes horas al día en las que soy una persona seria y hasta cierto punto, normal.
Empiezo a situarme, por fín, en un plano estable. Tengo costra en las heridas y aunque molestan ya no duelen ni escuecen.

Ha sido duro y triste, por que han tenido que curarse solas, sin el bálsamo de alguna palabra de consuelo del único curandero posible. Pero lo que no mata nos hace más fuertes, o nos engorda... dependiendo del caso; por lo que puedo entrar por fín en un estado nuevo mucho más cerca del final. Empieza a dibujarse la silueta de mi X en el mapa exterior, aunque en el plano interior aún hay muchas cosas en cajas.

Está siendo una mudanza de lo más larga y tediosa. Cambiar sentimientos de sitio, guardar recuerdos, amueblar de nuevo la cabeza, que aunque parezca pequeña... bueno... después de todo no lo era tanto. Y aún dudo si hacer un loft o construir gruesas paredes que delimiten cada una de las áreas...
Aún queda trabajo por hacer.

Me he estado plantando mucho qué hacer contigo, qué demonios haces en mi vida ahora que precisamente es cuando menos necesito nada que ocupe espacio y recursos en mi cabeza. Quise hablar con el corazón para que deje de alimentar mariposas cada vez que son ríes, entre otras cosas por que lo haces tan a menudo que es un gasto físico que no puedo costearme. Pero me salió apagado o fuera de cobertura.

Me gustaría saber si vas a seguir ahí cuando despierte una mañana y sepa que por fín atravesé la puerta de salida y que mi vida ya está en perfectas condiciones de ser vivida y disfrutada. Pero vivo todas las semanas con una pequeña y molesta sombra que me recuerda que no se nada de tí, y que hoy podría ser el último día que te vea.

Y aunque no te lo creas, eso me provoca malestar.

No quiero dejar de verte.
No sin haber tenido mi oportunidad antes de mirarte a los ojos sin sonrojarme.